Yo No Tengo Hambre Emocional

Cuando escuchamos el término “hambre emocional” es muy probable que lo primero que pensemos es “eso a mí no me pasa”.  Muchos de los pacientes que llegan a la Clínica inician el tratamiento seguros de que no forma parte del por qué subieron algunos kilos, pero pasado algún tiempo, descubren que de alguna u otra forma sí influyó.

Pero, ¿qué es el hambre emocional?

Es uno de los temas más amplios que influye en nuestros hábitos alimenticios y salud.  Existe mucha información al respecto: cuándo se origina, cómo se presenta, en qué momentos utilizamos esta “herramienta”… Por el momento el abordaje es a grandes rasgos, distinguiendo sus dos formas principales.

Lo primero es saber que todos presentamos hambre emocional en mayor o menor medida, es parte del ser humano y básicamente es comer o dejar de comer por cualquier razón diferente a la que nuestro cuerpo necesita.  Su expresión más común son los antojos.

¿Te ha pasado que estás en una comida y un platillo está buenísimo?  Tal vez ya te sientas un poco satisfecho pero está tan rico que comes un “poquito más”; o vas al cine y no hay forma de ver la película sin palomitas, aún y cuando casi acabas de terminar de comer.  Existen varios ejemplos, pero a esto también se le denomina hambre emocional.  O ¿te pasa que cuando estás enojado o triste dejas de comer?  Pues sí, también es hambre emocional.

Como podrás ver, existen varias formas de presentarse, podemos agruparlas en dos:

  • Hambre Emocional Externa:

Se presenta cuando vemos, olemos o nos imaginamos algún alimento y se activa el antojo sin podernos resistir a consumirlo.  Por ejemplo, pasar junto a una panadería y seguir el olor hasta comernos aunque sea un pedacito de esa cosa inofensiva que huele taaaan rico!  O la verdad no tenemos tanta hambre pero hace tanto calor y esos helados son tan buenos!!  Esto significa que se desencadena nuestro apetito por factores externos (anuncios de comida, espectaculares también lo pueden desencadenar)

  • Hambre Emocional Interna:

Se refiera a cuando comemos para calmar algunas de las emociones que presentamos en ciertos momentos.  Por ejemplo cuando estamos tristes, ansiosos, preocupados, etc., pero también cuando estamos felices o queremos festejar.  Aprendimos a manejar nuestros sentimientos a través de la comida.  Claro que esto es algo inconsciente, generalmente no pensamos “estoy triste, voy a comer”, en realidad el pensamiento más consciente de esta forma de hambre emocional es “estuvo muy pesado el día, me merezco un premio, ya mañana reinicio mi dieta”.  Ahora bien, este tipo de hambre se puede ir al otro extremo, es decir “estoy muy enojado, no me ‘entra’ la comida”.  Aquí lo que estamos haciendo es dejar de lado las señales que manda nuestro cuerpo (hambre – requerimiento de energía; saciedad – ya tengo mi tanque lleno de energía) y responder con o sin alimento a los sentimientos que estamos presentando.

¿Te ha pasado alguna vez?  Cuéntanos!

Espera también nuestro cuestionario de hambre emocional que aparecerá en los próximos días!

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